jueves, 12 de febrero de 2009

FORMACIÓN PARA AFRONTAR LA VIOLENCIA EN SALUD Y ESCUELAS


FORMACIÓN PARA AFRONTAR LOS CASOS DE VIOLENCIA DOMÉSTICA EN SALUD Y EDUCACIÓN

A pesar de las diferentes medidas tomadas por los gobiernos de algunos países para enfrentar y disminuir la violencia doméstica, en especial la de género contra la mujer, que afecta de hecho toda la familia, golpeando a los niños y niñas con las consecuencias conocidas y comentadas en ensayos anteriores, ésta no decrece sustancialmente y por el contrario en algunas regiones tanto urbanas como rurales se ha incrementado.

El tiempo.com publicó “más de 70 mujeres fueron asesinadas por sus parejas y exparejas en España durante el 2008”, continúa la información “el balance del 2008 estará próximo o ligeramente superior al del 2007 (71 muertes según el gobierno), es decir, una cifra en progresión después de las 57 muertes del 2005 y las 68 del 2006” y remata la noticia que “ante la alarma, el gobierno multiplicó las iniciativas para combatir la violencia contra las mujeres”.

En Colombia el Ministerio de Protección Social reconoce la dramática situación cuando manifiesta que la violencia constituye el principal problema de salud pública en nuestro País, no solo por el número creciente de muertos, lesionados, secuestrados, desaparecidos y desplazados, sino por el impacto que tiene sobre la salud de los colombianos. Se diría, que la alarma es generalizada en la mayoría de los países.

Al respecto en el Proyecto de Ley aprobado por el Senado el año pasado para erradicar la violencia contra la mujer, auspiciada e impulsada por la bancada de mujeres en el Parlamento Colombiano; en el ámbito de la salud se propone la elaboración de protocolos para la atención de las víctimas de la violencia en las Instituciones de salud e inclusión en los planes nacionales de salud el tema de violencia contra las mujeres, lo anterior debe corresponder al Ministerio de Protección Social.

Analizadas estas informaciones y manifestaciones tendremos que decir, que la preocupación tocó fondo cuando en las altas esferas de los gobiernos se plantea la problemática, se debaten y proponen alternativas de solución o se implementan medidas para paliar las situaciones. Si, paliativas porque no se crean las estrategias permanentes que conduzcan a los maltratadores a frenar su acción en contra de los más indefensos, que son los niños, niñas y mujeres, de cualquier condición social y económica.

A nivel del sector de la salud –el tratamiento médico-, solo se limita a tratar y curar las heridas y maltratos físicos de las mujeres producidas por las golpizas que generalmente les dan los compañeros sentimentales, esposos o exposos; igual determinar las causas de violación en una menor de edad sin la posibilidad de llevar el caso a los estrados judiciales que permitan castigar enérgicamente a los responsables de los daños causados, por el temor a ser agredidos o en el peor de los casos asesinados también. Se cura pero no se previene.

Entonces, en el sector de la salud impera el silencio entre los profesionales –médicos y enfermeras-. Al respecto conversé con varios médicos de la localidad sobre su actuación en estos casos y de una vez me manifestaron que su ética no les permitía divulgar algunas situaciones, agrego yo –menos denunciarlas-. Algunos médicos más comunicadores manifiestan que cuando terminan su carrera y se enfrentan a situaciones de maltratos contra la mujer y las menores no saben que hacer, en cuanto a algún tipo de prevención o denuncia, porque a ellos no se les prepara para eso. Es una medicina curativa y no preventiva.

Los profesionales de la salud que se atreven a denunciar y sugerir a la persona maltratada o familiar de confianza que debe hacer, es porque por su propia cuenta se han preparado para tener conocimiento de los pasos que se deben seguir cuando están frente a casos de violencia doméstica y en especial de maltrato contra las mujeres. A que entidades y organismos se puede acudir o qué profesional las puede atender sin poner en riesgo su integridad.

Es importante resaltar que la obligación de los profesionales de la salud, no solo debe limitarse a la atención primaria del paciente o realizar las curaciones en las urgencias cuando llega una mujer herida o en estado grave, sino sensibilizarse y apropiarse de dicha situación y en la medida en que pueda ofrecer otras alternativas de solución diferentes a las convencionales o exigidas por los propietarios o gerentes de clínicas y hospitales, deben realizarlas. Es humano y ético, salvar vida y evitar el agravamiento del hecho violento que atenta contra la salud física y mental de la paciente, -generalmente de mujeres y niñas-.

De igual manera me comentaba una Psicóloga Escolar, esposa de un afamado médico, que muchas mujeres llevan el maltrato oculto y cree que muchas de ellas niegan el haber sido maltratadas por personas en el hogar y especialmente por sus compañeros y padres; agregaba que en el desarrollo de su profesión una niña violada por su propio padre fue amenazada por su propia madre cuando la menor intentó denunciar el caso ante las autoridades, y agregó “es que la madre quiere más al marido que a su hija”. ¿Cuántas situaciones similares conocemos y no la podemos denunciar?; ¿Se puede probar una violación pasado algún tiempo?, como en este caso ¿a quién le cree la “Justicia”?.

De la misma manera como se conocen estadísticas de los médicos forenses o entidades de salud en el mundo, sobre la violencia o el maltrato a las mujeres de las pocas que se atreven a asistir a los Centros de Salud o reconocer y denunciar los hechos, en nuestro país se tienen informaciones ofrecidas por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, y que a pesar de las tibias estadísticas comparadas con la realidad que aparecen en la prensa a diario, son espeluznantes y alarmantes.

Por ejemplo, en el 2005 se presentaron 37.658 casos de maltrato de parejas mientras que en el año 2004 fueron 34.704 casos, lo que indica que se presentó un incremento del 9%, además en 9 de cada 10 casos presentados las maltratas o abusadas fueron mujeres. Profamilia (entidad estatal que promueve la igualdad y la defensa del núcleo familiar), acentúa la información porque según las denuncias recibidas en el año 2005, 2 de cada 5 mujeres en Colombia han sido maltratadas físicamente por su esposo o compañero.


Concluimos que pese a los esfuerzos y al reconocimiento que la violencia intrafamiliar o doméstica es un problema de salud pública, las situaciones continúan y los maltratos y muertes siguen en aumento año tras año; sin incluir los abusos y violaciones sexuales contra niños y niñas, sobre los cuales existen también disposiciones legales que castigan estos delitos en contra de los derechos humanos.

Pero si falla el tratamiento médico en estos casos, es aún peor con las mujeres y hombres con identidades o preferencias sexuales diferentes a las establecidas y aceptadas socialmente, como las lesbianas, bisexuales y transgenistas, los cuales en su gran mayoría no asisten a los centros de salud, por los prejuicios sociales del medio. Estas mujeres al igual que los hombres con esta condición y disposición se les rechazan, maltratan y asesinan permanente, por aquellos que no admiten ni aceptan la diferencia de identidad sexual de los otros u otras.

Corresponde a las entidades de salud trabajar de la mano con las Instituciones Educativas en cada lugar para prevenir y paliar los sufrimientos físicos y psicológicos producidos por los mayores, en especial por los hombres contra las mujeres y que son detectados por docentes y médicos; lo cual evitaría el calvario de los efectos producidos en esas personas, muchas de ellas se acostumbran a aceptarlos como algo normal y que reproducen con sus propios hijos e hijas, haciéndoles sentir a que carguen con una culpa que no les pertenece.

De igual manera, en las medidas a tomar en las Instituciones Educativas están: la creación de proyectos y programas de prevención para erradicar la violencia contra las mujeres, incluir en el área de Ética y Valores Humanos los derechos de la mujer, diseñar programas que lleven a la escolarización de todas las mujeres que viven en el contexto o de aquellas que han sido víctimas de la violencia e incluir a las mujeres en programas académicos no tradicionales, como punto esencial de rescatar la igualdad de género.

Se deduce de lo anterior, que al igual que al sector de la salud se le exige la aplicación de protocolos para la atención adecuada y oportuna de las víctimas de la violencia y la necesaria inclusión en los planes nacionales de salud esta temática, igual el sector educación debe estructurar sus programas o currículo que permita la inclusión de estos temas, y la construcción e implementación de proyectos pedagógicos escolares y extraescolares que conduzcan con el apoyo de otros profesionales del medio, atajar estas manifestaciones violentas.

De ser este trabajo una realidad se evitaría el daño psicológico, producidas por la degradación de la mujer, conseguida con la intimidación, la manipulación, la amenaza, la humillación y el aislamiento; el daño físico, que es el más visible y sobre el cual actúan regularmente los médicos de turno en los centros de salud; el daño sexual, al ser obligadas las mujeres a realizar actos sexuales forzados o inducidos y el daño patrimonial, con el apropiamiento de bienes que están destinados a satisfacer las necesidades de la mujer.

DANIEL SEGUNDO JUVINAO LÓPEZ

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